EDICIÓN MEXICANA
Más mexicano que el chile
Este singular fruto ha estado presente en la gastronomía y en la cultura nacional desde épocas prehispánicas, lo mismo como condimento que como remedio curativo. Posteriormente continuó presente cuando se fusionaron las milenarias usanzas indígenas con las contribuciones de la culinaria española. Tiene también un lugar en la historia nacional, exactamente el 28 de agosto de 1821, cuando el autoproclamado Emperador Agustín de Iturbide es agasajado en su paso por Puebla, con un banquete por motivo de su cumpleaños, para el cual son creados los afamados Chiles en Nogada, en el que se aprecian los colores de la Bandera Nacional (verde del chile poblano; blanco de la suculenta salsa que los acompaña y rojo de la granada).

El chile o guindilla (en algunas partes de Latinoamérica y el Caribe se le conoce como ají), es originario de México y Centroamérica, y tras el descubrimiento del nuevo continente alcanzó la difusión mundial, revolucionando la cocina de los países mediterráneos y transformando la gastronomía de China, India e Indonesia. Y es que el que es verde donde quiera pica.
La sensación que produce comer chile puede situarse entre el placer y el dolor; la primera reacción es la de un calor placentero que recorre el cuerpo, pero si el picor aumenta, provoca un fuerte ardor en la boca y en la garganta, irritación, lagrimeo, flujo nasal y sudoración en la frente y el cuello. Aún así el mexicano puede seguir disfrutando en medio de lágrimas y resoplidos, tal como lo hace cantando: Yo soy como el chile verde, llorona, picante pero sabroso.
La verdadera responsable de esto es la capsaicina, sustancia alcaloide que hiperestimula reactores en la piel que provocan una irrigación sanguínea más intensa, así como activa terminaciones nerviosas en la lengua, nariz y estómago –las mismas que responden al dolor- y cuyo aviso al cerebro resulta en la liberación de endorfinas que neutralizan el malestar y causan placer en el cuerpo, logrando también que las personas desarrollen gradualmente una mayor tolerancia a la sensación del picor. Esta es la forma como el mexicano se ha aficionado a disfrutar del gozo masoquista que causa, por algo alardea no tengo miedo al chile, aunque lo vea colorado.

Los chiles se utilizan frescos o secos, los más populares son el jalapeño, que estando seco se le conoce como chipotle, y el poblano, grande y maternal, cuyo vientre alberga deliciosos rellenos, y que cuando envejece se le llama chile ancho, ideal para dar color a los moles. Clasificados según su picor, se les encuentra suaves, como el ancho, pasilla o poblano; de picante medio, como el cuaresmeño, el chipotle o el serrano; picantes, como el de árbol y el piquín, y muy picantes, como el cascabel, el habanero o el manzano, que ejemplifican perfectamente que el color de los chiles funciona también como un semáforo: verde, pueden comerse con cierta tranquilidad; amarillo, toma tus precauciones y prosigue bajo tu propio riesgo, y rojo... alarma radiactiva. Hay que recordar que la aparente inocencia de su tamaño es engañosa, suele pasar que es chiquito pero picoso.
Su uso es tan diverso como su múltiple variedad, o las combinaciones posibles. Lo más habitual es encontrarlos en salsa, mezclándolos con ingredientes que atenúan su picor o pungencia, y complementan su sabor, éstos pueden ser los infaltables ajo, cebolla, tomate y/o jitomate (tomate rojo), o cacahuate, cerveza, harina, azafrán, aguacate, charales, cilantro y hasta pulque (elixir de los dioses prehispánicos, que se extrae raspando la savia del maguey). Pero también se los consume frescos, fritos o asados, en conservas, en rodajas, en rajas, picados, triturados, molidos, y a mordidas, verdes o toreados. Se les prepara en adobos, moles, aderezos, aliños, guisados y encurtidos. Su diversidad es tal como dice el dicho: hay de chile, de dulce y de manteca.
Los mayas también usaban el chile para mezclarlo con la cocoa caliente, siglos después, estos dos personajes destacados de la gastronomía típica mexicana, el chile, y el chocolate, junto con un poco de piloncillo, serían la base del tradicional mole, platillo de lujo y homenaje, de justificado orgullo y auto alabanza: mi mero mole.

Esto nos lleva a una de las más felices, aunque paradójicas, combinaciones: el dulce y el picante. Es común encontrar en los mercados al aire libre, puestos especializados en tapizar de chile piquín molido la superficie de una rebanada de jícama, de bañar con salsa roja un mango tasajeado, de ofrecer dulces de tamarindo enchilado, de escarchar con limón y chile molido la boca de un jarrito de barro, que luego se llena de tequila y refresco de toronja, haciendo la experiencia aún más extrema. Desde niño uno busca el placer lúdico de combinar lo dulce, lo agrio, lo ácido y lo picoso, recreando con esta amalgama de sabores nuestras papilas gustativas, que diferencian cada sabor por separado.
Y ya que se abordó el aspecto juguetón... el placer sensual y divertidamente tortuoso del sabor del chile, las propiedades afrodisíacas que algunos le atribuyen, las reacciones físicas que desencadena y la adicción que se origina al probarlo, han hecho que en el pensamiento popular se le equipare al goce sexual. Su forma alargada y terminada en punta roma también contribuyen a que se le atribuya un simbolismo fálico, haciéndolo figura recurrente de una de las expresiones más características de la picardía mexicana: el albur. En un juego de palabras de doble significado, los hombres mexicanos juegan a someter a su contrincante, venciéndolo en un juego de connotación sexual que implica que el perdedor asuma un rol pasivo. La agilidad mental y la gracia son las principales armas en esta esgrima verbal, donde cada respuesta es una oportunidad para reivindicar el honor perdido. Por eso, de paso por México quizá se escuche de algunas especies de chile que no resultan conocidas: chile jalaspeño, chile queretuano, chile pasuollo; sólo hay que tener cuidado con lo que le piden, recuerde que no es lo mismo que le digan “pásame el picante” que “alcánzame el chile”.
Sinónimo de la comida mexicana, el chile ofrece un grato estímulo para el paladar. Buen provecho, que “ahora es cuando, chile verde, le has de dar sabor al caldo”.
Yolanda Carrasco
Para orar frente a murales
para “guardar el decoro” y la creación obligatoria de imágenes que entre los colores, la expresión y el miedo, infundieran en los espectadores la devoción. Los cuadros debían ser elaborados para rezar frente a ellos. Con estos antecedentes se puede entender que en la Nueva España existiera una gran urgencia por la decoración de los espacios sagrados. En el tiempo de los evangelizadores, los pintores peninsulares escaseaban, así que tuvieron que echar mano de los indígenas, quienes poseían un conocimiento elevado sobre las técnicas y la representación de símbolos y alegorías gracias a los códices y la decoración de sus respectivos centros religiosos. Los nativos del ombligo de la luna aprendieron las técnicas pictóricas a la maniera española en la edificación de San José de los Naturales. De esta escuela surgen Marcos de Aquino (a quien se le atribuye la primera pintura de la Virgen de Guadalupe), Juan de la Cruz y el apodado “El Crespillo”.Los indígenas pintores lograban representar algo completamente desconocido para ellos mediante los textos bíblicos que les proveían sus evangelizadores y algunos grabados sobre la vida de los santos que les llegaban desde el viejo continente. El sincretismo es evidente en casi todas las pinturas, pues la mezcla de símbolos precolombinos y religiosos creaba representaciones difíciles de creer que fungían como amenaza para los adoctrinados. El infierno era representado como un lugar de eterno sufrimiento y el cielo, como un momento de paz en medio de tanta desgracia y destrucción.
Es así, con la unión de estos tres grandes reconocidos aún en nuestros tiempos, que se funda el Movimiento Muralista Mexicano fincado en el indigenismo y el socialismo. Quizás lo más importante de dicho movimiento fue la nueva lectura de los símbolos y las alegorías que reflejaron la conquista espiritual y política de México; la situación de un país profundamente marcado por la división de los estratos sociales y la renovación del hombre a partir de la generación de una nueva visión del mundo que ahora posee a la ciencia y la tecnología y no a la religiosidad impuesta por los evangelizadores que tiñeron de azul (el color de Huitzilopochtli) sus hábitos religiosos.
Esto es notable en ciertos murales específicos como El hombre controlador del universo, pintado hacia 1934 por Rivera. La réplica del mural original se encuentra en un muro de Palacio de Bellas Artes. El proyecto fue diseñado para el edificio Rockefeller de Nueva York, pero por su amplio contenido socialista, el muro fue derribado.
Uno más local, del mismo autor, sería Sueño de una tarde dominical en la Alameda (1947), en donde se retrata la división de los estratos sociales en el México pos revolucionario.
José Clemente Orozco realiza lo propio con Katharsis, en donde alegoriza una renovación de la patria que sólo puede surgir de la destrucción. 
Y finalmente, David Alfaro Siqueiros nos muestra La Nueva Democracia. Una profunda crítica política.
La multiplicidad de colores, paisajes mexicanos de la época y el uso de nuevas técnicas (y dimensiones, como las de Siqueiros) logra, como en un tiempo los murales indígenas regidos por la devoción, que el espectador reflexione en torno a las consecuencias de una revolución que surgió en medio de un complejo entramado capitalista. La devoción en la que debe instruirse el espectador es en la de su patria, la de la lucha, la de los pueblos unidos y la transformación del individuo. Ante tales preceptos, no se puede hacer otra cosa que declararse creyente de un nuevo sincretismo patriótico. Los muralistas pos revolucionarios también fundaron una nueva manera de “rezar”. [ii]
[i] Tenemos que recordar que Santiago es altamente simbólico para los españoles, pues fue el estandarte de la reconquista en España y posteriormente se volvió el emblema de la conquista espiritual.
[ii] Sitios recomendados:
Museo Virtual Diego Rivera: http://www.diegorivera.com/murals/index.php
Sala de Arte Público Siqueiros: http://www.siqueiros.inba.gob.mx/
José Clemente Orozco, Vida y Obra: http://tierra.free-people.net/artes/pintura-jose-clemente-orozco.php
Roberto Montenegro: http://www.museoblaisten.com/spanish.asp?myURL=%2F02asp%2Fspanish%2FartistDetailSpanish%2Easp&myVars=artistId%3D34
Victoria, José G. (1986). Pintura y Sociedad en Nueva España. Siglo XVI. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Estéticas. pp. 183.
Historias de interés entre mundiales: Los libros.

Las ilustres firmas de Carlos Monsivaís y Elena Poniatowska aparecen en los noticieros diciendo que 48 páginas de lectura harán que mi vecino, el mismo sujeto que se levanta todos los días a las seis a.m. fingiendo ser el padre de un mozalbete con tal de mirar las piernas de las niñas que asisten a la secundaria de la cuadra; dejará de ser un cretino y dedicará su vida al enaltecimiento de su espíritu; ¿pero qué tal que a sus manos llega un libro de Lewis Carroll? Lo mejor que podría ocurrirle a mi vecino y no a las niñas de la secundaria número 84 que acosa todas las mañanas será encontrar una lectura que prenda en su cabeza el brillante plan para al fin convencer a esa precoz pelirroja que le devuelve las miradas para irse de pinta con él.
Y se organizan ferias, lecturas y tianguis(1) de libros por toda la ciudad. Carlos Fuentes se presenta en los edificios coloniales del país con una pluma fuente dispuesta para firmar cientos de ejemplares del último libro que dice escribió él pero todos sabemos le robó a algún ingenuo; estudiantes de filosofía van a las fotocopiadoras que hacen descuento de acuerdo al volumen copiado, reproducen los sonetos que escribieron una tarde de lluviosa inspiración, diseñan una portada nombrando a una supuesta editorial ‘Rebelión Ixtlán’ como la responsable de la edición engrapada de lujo que presentan y venden a 20 varos en el café bohemio de su tía. Pero estos eventos aún quedan muy lejos para el mexicano promedio, ese mismo que hizo una quiniela para atinarle al día en que Thalia parirá a su primogénito; a él no le importa ir a ver a las estrellas de la literatura hispana, mucho menos asiste a la lectura de poemas: “Querido comparsa, no olvides que la vida es una farsa.” Para ellos se inventaron los tianguis literarios.

En los tianguis encontramos cual zanahorias, libros de Arreola, Revueltas, Arana, García Saldaña y ya a precio de jitomate los hits del momento que se venden en el Sanborns y redactan (es un decir) los que salen en la tv, los mismos entrevistadores (es otro decir) que se la pasan asintiendo sobre como el país avanzará más rápido leyendo; pero no se dan el tiempo de aclarar que los consejos de mediano-empresario que nos venden lo único que dejan son ganas de seguir viendo la tele o a lo mucho de convertirse en un cronista de gabardina beige como la mía que sale todos los días con un cuaderno de notas como el mío y una pluma bic a ver las rodillas raspaditas de las niñas desobedientes que se suben la falda haciendo caso omiso a la advertencia de sus mamás –con cuidado hija, no te acerques a ese viejo cochino que anda en el parque-.
Francisco Tario, la voz viene del muñeco
Al fondo, un muro y una sola salida; a la derecha, la revelación del abandono y a la izquierda, los tropiezos de la creación. Finalmente, la parodia brutal, el homicidio y el desdoblamiento de los cuerpos en un trenzarse de historias, veredas que vuelven sobre sí mismas a falta de viajeros resueltos capaces en la sorpresa. Cuando pensamos en la marginalidad nos entretenemos en nombres oscuros, fechas perdidas en tiempos milenarios, espacios concebidos con la belleza que la lejanía imprime a sus deudos; cuando hablamos de lo anómalo repasamos el catálogo imperfecto de singularidades y defectos, la monstruosidad como una constante destinada a sostener el sentido común que nos orienta y rige.Todos contamos nuestros sueños, los hilvanamos en una trama de causalidad azarosa, pero justificada por la puesta en marcha de nuestra razón para nombrar los objetos que sólo el sueño convoca y significa. ¿Cómo narrar un sueño sin coordenadas, sin que las referencias extiendan sus dedos al puerto seguro de nuestro horizonte? ¿Cómo se han de contar las cosas que sólo en la noche existen? Decir la noche es llenar la página de tinta negra, dijo La noche y el libro se incendió para que a cada hoja la pasara el fuego. Dijo muchas cosas aquel escritor marginal y anómalo, escribió algunas más y las fue publicando porque sabía que nadie iba a saquear su casa en busca de inéditos.
Hace algunos años la lucidez bajó la guardia, su descuido se tradujo en una edición modesta de casi todos los cuentos del escritor incendiario. Dos tomos pequeños, la ilustración de la portada obviando algún tema presente en el libro y un apellido encerrado en su sonido: Tario. Escribió Mario González, antólogo y prologuista, que “Tario” es el hipocorístico de “solitario”, por tanto no hay que buscar más, pues en el nombre se cifra la cualidad del escritor. Lo interesante es que Francisco Tario dejó en claro que la elección de ese apellido se debe a un simple gusto por la eufonía. “La rosa es así, por favor no la toquéis”, dijo Onetti.
En el primer tomo aparecen los cuentos que conforman el libro llamado La noche. En cada uno de ellos el protagonista está convencido del absurdo de la adversidad y de la necesaria trasgresión inherente a la búsqueda de las propias expectativas. Pero los protagonistas de Tario no son campesinos desposeídos, ni proletarios hambrientos; son igualmente cotidianos, pero carentes de voz: ahí el gran meollo. Tenemos a un féretro apesadumbrado por el físico de su futuro huésped; una gallina visionaria y vengativa dispuesta a aniquilar a los comensales; un muñeco triste debido a su calidad de segundo orden. Todos objetos materiales y resistentes como un buque o efímeros e inasibles como una melodía que quiere ser vals.
Es fácil encuadrar la obra de Tario dentro de la literatura fantástica, aquella donde la interpretación siempre permite vislumbrar la realidad y, al mismo tiempo, el oscuro mundo de lo ajeno e imposible; sin embargo, lo escrito por Tario no sólo se mueve dentro de esos lindes, su personajes hacen preguntas simples y encuentran respuestas complicadas, son construcciones verbales en busca de una existencia ordinaria que de pronto se topan con el muro inverosímil de lo inaudito y no le sacan el cuerpo, deciden explorarlo, montarse en él para ver hasta dónde llega sin considerar la importancia del destino, sino la experiencia del viaje. La noche es un libro de relatos que aún no ha conocido la fortuna de comentarse a grandes voces, de inundar los apuntes críticos de tesistas furiosos en busca de la singularidad. La noche es ese gran oscuro que en cada momento nos recuerda que extender las fronteras no sólo significa leer a Joyce y Proust, sino desmembrar los moldes de la literatura mexicana, consagrada por el poder estatal en una búsqueda de autolegitimación a cualquier costo.
En este primer tomo también está un relato capaz de suscitar complicidades entre aquellos que lo leen. “Ciclopropano”, sueño artificial que nos muestra las dos caras del despertar de un soñador, o quizá dos soñadores empatados en el sueño, aunque también puede ser que el sueño se desborde para caer sobre el ritmo del despertar. No hay un camino para andar en esa búsqueda que desovilla ensoñaciones y las dota de una forma inteligible y convencional. Así como Pavić concibió su Pieza única como una novela de posibilidades infinitas, dentro de las cuales cada lector puede proponer soluciones acertadas, en “Ciclopropano” las interrogantes se multiplican cada vez que surge una certeza y dejan en claro que abrir una ventana es conectar el interior con el infinito innombrado detrás del vidrio.
Para terminar, una pequeña cita del cuento “La noche de los cincuenta libros”, pues no hay mejor invitación que la que nos extiende la locura:
Y escribiré libros. Libros que paralizarán de terror a los hombres que tanto me odian; que les menguarán el apetito; que les espantarán el sueño; que trastornarán sus facultades y les espantarán el sueño; que trastornarán sus facultades y les emponzoñarán la sangre. [...] Libros, en fin, que estrangulen las conciencias, que aniquilen la salud, que sepulten los principios y trituren las virtudes.§
Armando Octavio Velázquez
§ Francisco Tario, “La noche de los cincuenta libros”, Cuentos completos, tomo I, prólogo de Mario González Suárez, Lectorum, México, 2004, p. 62.
Homenaje a Carballido

Los múltiples escenarios de Emilio Carballido
Uno cree que los ahuehuetes de Chapultepec van a estar ahí toda la vida. Uno no sabe que la vida es breve, como un suspiro, hasta que nos llega la mala noticia.Uno veía tan feliz y sonriente al Maestro Carballido, viajando a Rusia en pleno invierno para recibir homenajes; en Xalapa, celebrando los 30 años de la revista Tramoya, en San Pedro de los Pinos en la inauguración del Parque que lleva su nombre, en el Círculo Teatral festejando sus 80 años, que creía que Emilio Carballido siempre estaría ahí, entre sus gatos y pinturas, recibiendo a sus discípulos y amigos con esa sonrisa y calidez tan suyas.
Fuente: El Ángel de Reforma / México
Mujer y Dramaturgia
El teatro de Rodolfo Usigli se distingue por presentar a mujeres en edad madura, son madres o esposas que tienen la capacidad de ser duras, fuertes, serenas, matriarcas, videntes, filósofas, psicólogas o sibilas, como son clasificadas por Fernando Carlos Vevia en su libro La sociedad mexicana en el teatro de Rodolfo Usigli. Todas luchan por la familia y viven las consecuencias de una sociedad difícil pero a la que pueden controlar por el poder de su fuerza.
En forma contraria las dramaturgas presentan en sus textos a mujeres que deciden su vida a sabiendas que están rompiendo con su sociedad y sobre la escena presentan a profesionistas que luchan por ejercer su profesión en contra de los deseos del hombre, a jóvenes que se divorcian o que viven en unión libre buscando con ello ser decididoras de su destino y no que se los decida ni su familia ni la sociedad, sin embargo, invariablemente las debilitan al final por amor, o por el miedo a una sociedad castigadora contra las mujeres que rompían las reglas, como lo era la de los años veinte y treinta, que fue el período en el que escribieron su teatro este grupo de mujeres. Son personajes que luchan contra las normas sociales y al ser diferentes son rechazadas pues no se concebía que otra mujer no estuviese subordinada al hombre como era lo común. El conflicto más importante es que estas protagonistas carecen de lenguaje, están incapacitadas para sostener un proceso de comunicación con el hombre por lo que es un teatro de silencios femeninos provocados por la opresión masculina.
Tanto Usigli como las dramaturgas presentaron en sus textos dramáticos a una nueva sociedad surgida después de la revolución mexicana en donde la mujer comienza a salir de los cuatro muros del hogar para iniciar su emancipación aún en contra de una sociedad hostil y cerrada.
Universidad de Guadalajara
Teatro indígena en México

Miguel León-Portilla distingue cuatro momentos en el teatro prehispánico:
1. Danzas, cantos y representaciones. Esta es la manifestación más antigua que se conoce en el mundo náhuatl. Aunque en primera instancia se efectuaba aisladamente, más tarde se incorporaron de manera definitiva a las acciones dramáticas que se representaban en honor a los dioses.
2. Actuaciones cómicas y divertimentos. Este tipo de representaciones, eminentemente festivas, tenían como único fin divertir al público y eran ejecutadas por titiriteros, juglares y hasta por prestidigitadores.
3. Escenificaciones de los grandes mitos y leyendas nahuas. Su objetivo era honrar a los dioses a través de la representación de sus dramas; se trataba de eventos sumamente intensos, cuyo elemento religioso de veneración divina, combinado con el realismo, llegaba a extremos insospechados.
4. Representaciones de la vida social y familiar. Éstas muestran indicios más conservadores respecto a la estructura teatral. Todas estas manifestaciones de teatro-rito náhualtl muestran una serie de características que pertenecen al teatro occidental tradicional. Sin embargo, tiene un espíritu tan puro y tan cercano a lo profano que lo hace ser diferente, más auténtico quizá, y más apegado al hombre como integrante del cosmos y de un orden universal.
Entre las características que lo acercan más al teatro que al rito están las siguientes:
2. Algunos divertimentos resaltaban la interpretación cómica, particularmente la zoomorfista.
3. Había lugares especiales para representaciones, danzas y cantos. También se hacían ensayos, como en el teatro profesional.
4. Tenía escenografía, aunque no en el sentido estricto o moderno de la palabra. Las representaciones se efectuaban al aire libre, y los elementos escenográficos eran totalmente naturales, como montañas, piedras, bosques, etc. Sin embargo, también se utilizaban algunos elementos simbólicos.

Algunos elementos del teatro prehispánico, como el zoomorfismo, se incorporaron a este teatro de la Colonia; los telones se sustituyeron por los espacios abiertos del teatro prehispánico, y el maquillaje evocador del teatro clásico de Occidente hizo su aparición, adaptándose a la magia esencial del pueblo náhuatl: ...rayas vigorosas de colores estridentes surcaban rostros, brazos y piernas; los torsos también se adornaban con variedad de tinturas y tonalidades broncíneas y auríferas; máscaras de obsidiana, de turquesas, madera, cuero y otros materiales. Sin embargo, la Iglesia española consideró que el método teatral de evangelización era profano y poco honesto, por lo que, a partir de 1574, la Inquisición comenzó a censurar las obras dramáticas. Esto provocó el surgimiento de una increíble barrera entre indígenas y españoles; los españoles comenzaron a producir obras totalmente escritas en español, olvidando por completo la lengua náhuatl.
Entre las manifestaciones de la vida náhuatl que permanecieron prácticamente intactas debido a su sorprendente integración a la cosmovisión cristiana se encuentra cierto tipo de danza guerrerorreligiosa proveniente de la cultura chichimeca, que hoy se conoce como danza conchera. Ésta, a diferencia de las otras festividades o danzas practicadas por grupos nahuas contemporáneos, es quizá la que conserva con mayor fidelidad tanto el vestuario como la música, ritmicidad y secuencia de pasos que se practicaban antes de la Conquista. Aunque a simple vista no tiene nada que ver con el teatro, la danza conchera es un rito vivo que permite apreciar la teatralidad de la cosmovisión guerrera, impregnada de una rica mitología que se cristaliza en la danza de Quetzaicóatl o en la danza Xipe Totec, entre muchas otras. Actualmente, la danza conchera juega un papel muy importante en el desarrollo del trabajo del Taller de Investigación Teatral de la UNAM. Según explica su director, Nicolás Núñez,: "Por un lado nos interesa su gran capacidad como instrumento para actualizar la conciencia y, por el otro, la ayuda que nos brinda para gestionar con ella partes importantes de nuestros diseños de teatro participativo".
Antonio Prieto Stambaugh / Yolanda Muñoz González
Retrato Zapatista

Hola 'manito
Bueno, ahora escribiendo seriamente y como hermano mayor del grupo (Walter: estás eliminado, ah!!! no, esto no es GH) perdón seriamente dije... Como conocedores del arte escénico, sabemos que las palabras atan a la emoción, aclaran malos entendidos o calman turbulencias. Por muchos motivos, guachitos, los quiero mucho. Lamento muchísimo la distancia existente. Bueno... nuestra hija está llorando... cumplió años y no hicimos el ágape correspondiente. Tengo muchas ganas de saber qué es de sus vidas, cuántas canas tienen, si el reuma o la próstata los aqueja, de viagra no se habla, eso lo mantenemos en secreto, de comer, beber, brindar y festejar. Qué lástima que Hadad se tiene que costear la cirugía plástica de su mandíbula inferior y vendió lo que quedaba a los aztecas, que solo meten enlatados que fueron un fracaso!!! Aguante Cantinflas, ese sí que era un actorazo!!!Bueno, basta de albaricoques y cacahuate con frijoles saltarines... Un abrazo!!!Rta. del Editor.
Sr. J.G.:
Tarde pero se hizo. Tengo material fotográfico y fílmico que los compromete. Parte de la evidencia (digo "parte" porque el resto de la cinta fue destruida por Ud. en un acto de violenta censura ante la cómplice pasividad de sus secuaces) puede verse en: http://es.youtube.com/watch?v=a4QvXLcXbZw

